El consultor político sostiene que crisis como el caso Adorni "no se cierran unilateralmente" y advierte que el gobierno se empantanó en sus do

El consultor político sostiene que crisis como el caso Adorni «no se cierran unilateralmente» y advierte que el gobierno se empantanó en sus dos pilares: la economía y la lucha contra la casta
“Las crisis no se cierran unilateralmente, no es que alguien dice ‘fin’ y se terminó”, sostiene el consultor Daniel Ivoskus. El especialista resalta que para dar vuelta de página a escándalos como el Adornigate que sacude al gobierno de Javier Milei se necesitan datos contundentes, transparencia y una narrativa que conecte con el 54% que acompañó a La Libertad Avanza en el balotaje de 2023.
Presidente de la Cumbre Mundial de Comunicación Política, Ivoskus presentó en la UAI Rosario su libro llamado Gobernicar, un concepto que sintetiza dos acciones clave en el ejercicio del poder: gobernar y comunicar. En diálogo con La Capital, Ivoskus destacó la polarizaciòn marcada que atraviesa a la política argentina, aseguró que el centro tiene “0 por ciento de probabilidades de ganar una elección” y señaló que “la pregunta electoral es quién representarà el no a Milei”.
¿Cómo definiría el estado de opinión pública en este momento de la Argentina?
Para el gobierno, este tercer año es una bisagra, más que el electoral. Previo a la elección de octubre, el gobierno había sufrido una caída en términos de opinión pública, pero el apoyo de Donald Trump funcionó como un respirador artificial. Eso le permitió recuperarse y obtener el triunfo con cerca del 40% del electorado acompañando su propuesta legislativa.
Más allá de los números de imagen del presidente y la gestión, ¿ve un cambio cualitativo en el humor social?
Hay un cambio tanto cualitativo como, sobre todo, cuantitativo. En lo cuantitativo, el gobierno alcanzó una aprobación cercana al 49% la semana posterior a octubre, impulsada por la expectativa y la mejora económica. Sin embargo, desde esa fecha no ha habido recuperación. Ha sido una pendiente a la baja que terminó la primera semana de abril en torno a los 34 o 35 puntos. Estamos hablando de una pérdida de casi 14 puntos desde la semana triunfal, lo que marca un deterioro y un cambio de ánimo importante. Para un líder político, lo central no es solo recibir estos números, sino entender cómo transformar esa realidad cualitativa para que los datos mejoren mañana.
¿En qué se sostiene el apoyo a Milei?
Milei se apoya en dos grandes pilares: el económico y el de la corrupción y lucha contra los privilegios. Inicialmente, la baja de la inflación tuvo un efecto positivo, pero hoy eso ya no alcanza, especialmente cuando se percibe que la inflación no se pulverizó y muestra rebotes o niveles altos. El segundo pilar era el emblema de la «casta», una narrativa excelente de campaña que hoy es un atributo cualitativo que el gobierno está perdiendo debido a los escándalos y la atención de la sociedad sobre los privilegios. El problema estructural para Milei no es lo que opina el casi 50% que está en contra, sino cómo actúa y qué opina el 54% que lo votó en segunda vuelta frente a estos fenómenos de corrupción y economía.
¿El deterioro económico hace que la sociedad se irrite más con los casos de corrupción?
Sin lugar a dudas. Si la economía funciona, muchas veces la gente prefiere mirar para otro lado ante estos casos. Otro factor es la falta de un candidato consolidado en la oposición. Curiosamente, es un problema para el gobierno y no para la oposición. La gente no está haciendo un casting de candidatos opositores, eso solo le interesa a los políticos y analistas.
El caso Adorni
Supongamos que Milei lo invita a tomar un café a la Casa Rosada y le pide un consejo sobre el caso Adorni, ¿qué le diría?
Para el que no está en tema es fácil opinar y decir que renuncie. No es tan sencillo. Sobre casos como el de Adorni, la gestión de la crisis es compleja y se basa en la realpolitik. Es algo de lo que hablo en mi libro Gobernicar: la administración del caos y el escándalo. Sería irresponsable sugerir una renuncia sin toda la información, ya que a veces esa supuesta solución es el inicio de una crisis mayor. Las crisis no se cierran unilateralmente, no es que alguien dice fin y se terminó la crisis. Tampoco diciendo que algo es «vida privada», porque hoy ningún político la tiene. Las crisis se clausuran con datos contundentes, transparencia y una narrativa comprendida por ese 50% de la sociedad que le da sostenimiento al presidente. También es importante que tengas un tema potente para salir de la crisis.
En su libro Gobernicar habla de la unidad entre gestión y comunicación. ¿Ve al gobierno más enfocado en la batalla cultural que en hacer una gestión eficiente?
Una de las grandes ventajas de Milei fue que lo subestimaron. A pesar de los pronósticos de riesgo político o juicio político, él logró estructurar un partido, ganar, crecer en el Congreso y administrar situaciones electorales. En términos de gestión, la vara está puesta en la economía y en demostrar que «no son iguales a todos». El problema actual es que el gobierno ha quedado empantanado en estos temas, y ya no alcanza con crear un enemigo o esperar que el «anti» le dé un respiro frente a la realidad económica.
Una de las particularidades de esta experiencia es la figura de Santiago Caputo: un consultor político que a la vez es muy influyente dentro del gobierno. ¿Cómo ve su figura?
En la campaña electoral hizo un gran trabajo y fue una estrategia exitosa; hay que ser objetivos en eso. Sin embargo, como reflexiono en mis libros Matrix Política y en Gobernicar, la campaña electoral no tiene nada que ver con la comunicación gubernamental. Son dos deportes diferentes, a veces contrapuestos. En esta segunda etapa, ya no se puede analizar a Caputo como un consultor externo; es un actor interno que disputa poder, decide ministros y pone candidatos. Al dejar de ser externo para manejar áreas del Estado, uno empieza a operar en pos de sus propios intereses estratégicos o políticos.
El estilo Milei y los términos de la nueva polarización
Milei trajo un estilo de comunicación muy agresivo hacia periodistas y opositores. ¿Llegó para quedarse?
No es un estilo nuevo, ya existe internacionalmente con casos como Trump, Bukele o Bolsonaro. Que este método se quede no depende de los políticos o estrategas, sino de la sociedad. Cuando la sociedad no soporte más esos métodos, los cambiás o te quedás afuera de la política.
¿Ve posibilidad de que aparezca un espacio de centro?
Hoy en Argentina vivimos la polarización más alta de los últimos tiempos, superando el 85%. En este escenario, hay 0% de posibilidad de que surja una opción de centro para ganar una elección; el centro solo sirve hoy para dividir votos del oficialismo o la oposición.
¿Entonces el dilema ya no es kirchnerismo versus antikirchnerismo?
Exacto. Después de 20 años, la variable ha cambiado: hoy es Milei sí o Milei no. La pregunta electoral ahora es quién representará el «no» a Milei. Tanto Milei como el peronismo (con el kirchnerismo) rondan los 35 puntos cada uno. Suman un 70% que tiende a crecer al acercarse las elecciones, dejando poco margen para terceros. Si el gobierno no resuelve sus crisis, podría surgir una opción de derecha o centroderecha, y por reflejo, una alternativa peronista o kirchnerista, llevándonos a un escenario parecido al 2003 con múltiples alternativas. Aunque en 2023 se habló de tercios, fue algo momentáneo, porque se polarizó rápidamente tras la primera vuelta.
En estos días se habla de outsiders como Dante Gebel, Marcos Galperin o Jorge Brito. ¿Les ve potencial? ¿O son candidatos de laboratorio?
En el escenario actual, no tienen capacidad de construir una masa crítica para ser competitivos por el poder; hoy se ven más como política transaccional para restar votos. Sin embargo, si alguno de ellos lograra representar la categoría del «no a Milei» a través de una interna o Paso, o si la polarización se rompiera porque ambos bandos se dividen en dos, tendrían una potencialidad mucho más alta.
Kicillof asoma como el principal candidato peronista. Parece que tiene el desafío de ser un continuador del kirchnerismo y a la vez mostrarse como algo diferente. ¿Cómo observa su camino a 2027?
A Kicillof, al igual que a Milei, lo han subestimado mucho. Fue gobernador de un partido asociado a un gobierno muy cuestionado como el de Alberto Fernández, atravesó la pandemia y, aun así, fue reelecto y sigue de pie recorriendo el país pese a los ataques de Milei. Sobre su relación con Cristina Kirchner, creo que ella ya no está en posición de elegir candidatos como hizo con Alberto Fernández. Pero para Kicillof es positivo que ella no rompa el eje y cree una alternativa por fuera. Su gran ventaja cualitativa es que el debate nacional dejó de ser sobre el kirchnerismo para centrarse exclusivamente en Milei sí o Milei no.

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