“Tiempos violentos en el Chaco: Hace 45 años asesinaban al gremialista Mario Villalba”

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    Por Vidal Mario ***

 

 Como un signo de los tiempos violentos que en los años 70 también imperaba en el Chaco, el 22 de julio de 1973 el gobernador Bittel lanzó este dramático alerta: “Hay sectores que están empujando a la guerra civil, y nos llevarán al caos”.

El 23 de julio, a sólo veinticuatro horas de esa declaración del gobernador, hombres armados irrumpieron en la seccional Resistencia de la Asociación Obrera Textil y acribillaron a balazos al secretario general, Mario Ramón Villalba.

En esos mismos momentos, Bittel estaba reunido en la Casa de Gobierno con dirigentes de la Federación Agraria Argentina (FAA).  Un colaborador le susurró al oído que habían asesinado al sindicalista, de 49 años.

 

En esos tiempos, lo sorprendente era que en la Argentina no ocurrieran cosas como esta. Días antes, el 18 de julio de 1973, en una solicitada publicada en muchos diarios de Buenos Aires y del interior, FAR-Montoneros afirmaba que “el secretario general de la CGT, José Rucci, puso sus matones al servicio de la masacre de Ezeiza”.

 

El 25 de septiembre, dos días después de la elección que llevó a Perón a su tercera y lamentable presidencia de sólo siete meses, esa organización guerrillera mató a balazos a Rucci, a pesar de todas las precauciones que éste tomaba.

Los asesinos bautizaron a dicha ejecución con el poético nombre de “Operación Traviata”.    La eliminación física del líder cegetista era la respuesta brutal de la “orga” a un supuesto papel preponderante que el ejecutado había tenido en la caída de Cámpora, personaje a quien Perón comenzó a odiar desde el 25 de mayo anterior.

“A mí me van a sacar muerto”

El 20 de julio de 1973, hubo en el Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (SUOEM) de Barranqueras una asamblea de la Lista Gris, opositora a Villalba.

Cuentan que fue en esa reunión que decidieron atacar copar el gremio textil y matar tanto a Villalba como al asesor del Sindicato de Sanidad, Emiliano Luque.

Los sicarios llegaron a la sede sindical alrededor de las 8 de la mañana del 24 de julio.  Ya estaban allí, tomando mate, Villalba, un hijo suyo de igual nombre, el tesorero Zacarías Ojeda y el dirigente de la juventud peronista Juan Carlos Santander.

Luego, los dos últimos se retiraron. Villalba le pidió a su secretaria Daniela Saavedra acompañarlo a su despacho para dictarle una nota para la fábrica UCAL.

Zacarías Ojeda se disponía a salir a hacer trámites cuando en la puerta se topó con cuatro hombres que lo apuntaban con sus respectivas armas de fuego. En la vereda había seis más.

“La cosa es con Villalba, así que ándate”, le ordenaron con energía al asustado tesorero. Los cuatro entraron y arrastrando un escritorio,  bloquearon la puerta. Sus nombres eran José Ramírez, José María Baca, Juan Minero y Crispino Gutiérrez. Éste último tenía una cuenta personal con Villalba porque lo responsabilizaba de haber provocado su despido de la fábrica UCAL, en 1970.

Se dirigieron resueltamente al despacho de Villalba, quien a su vez estaba armado con un revólver calibre 32 y una pistola calibre 38. “A mí me van a sacar muerto de acá”, dijo el dirigente gremial, manoteando una de esas armas.

Hubo una balacera. El secretario general textil terminó en el piso, sin vida, con cinco orificios de bala en el cuerpo. Los asesinos y que afuera les servían de aguante fueron detenidos esa misma mañana.

Eran Ricardo Niveiro, Antonio Luna, Juan Menero, Andrelino Lezcano, Esteban Monzón, Crispino Gutiérrez, Juan Carlos Escobar, José María Vaca, Marcelino Sánchez y Mario Alejandro. Otro, un tal José Ramírez, escapó.

El juez del Crimen que estaba de turno en esa feria judicial,  doctor Rudy Gil de Muro, ordenó el inmediato secreto del sumario, el traslado del cuerpo a la morgue del Hospital Perrando, y su posterior entrega a los familiares. 

“Crimen inútil y peligroso”

Pocos minutos le bastaron a Bittel para desplazarse desde la Casa de Gobierno hasta la sede de la Asociación Obrera Textil, escenario del episodio.

Llegó acompañado del ministro de Gobierno, Justicia y Educación, Florencio Tenev, y el de Economía, Juan Carlos Benítez. Al rato llegaron el vicegobernador Alberto Torresagasti, el presidente de la Cámara de Diputados, Rafael Rubén Sotelo, y numerosos diputados y funcionarios provinciales.

“Éste es un crimen inútil, monstruoso y peligroso para la hora que vivimos”, declaró el gobernador Bittel sobre el mismo escenario de los hechos.

Él había conocido a Villalba durante sus ocho meses de prisión en la cárcel de Resistencia, tras el golpe de 1955. El muerto había sido incluso su compañero de fórmula en las elecciones de 1962.

Aunque se habían distanciado algunas veces, Bittel lo consideraba “un compañero de lucha y amigo”.

Pronto, todo el sindicato se convirtió en escenario propicio para escenas desgarradoras.  En determinado momento llegó también al lugar la esposa del extinto, Tita Romero, de 40 años. También sus hijos y otros familiares, quienes no tenían consuelo.

Al vicegobernador Torresagasti, conocido por su poco hablar, se le escuchó decir en relación a los asesinos: “Son unos cobardes, todos son unos cobardes”.

No sería esa la última vez que en el Chaco violento de esos tiempos una cuestión política se dirimía a sangre y fuego.

Ocurrirían después otros asesinatos todavía más espectaculares, entre ellos el de Víctor Sánchez,  jefe del Comando de Organización, acribillado a balazos sobre la ruta Nicolás Avellaneda.

***PERIODISTA E HISTORIADOR

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