Menonitas en Santiago del Estero: una comunidad laboriosa, amistosa y próspera

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El relacionamiento con INTA potencia el desarrollo de nuevos sistemas de producción. La comunidad laboriosa cuenta con un total de 130 familias y más de 770 habitantes.

Un total de 130 familias y más de 770 habitantes tiene en pleno 2017 esta laboriosa comunidad. Todos tienen cosas para hacer, incluso los más pequeños que ayudan en las diversas tareas productivas de la casa. La actividad básica de la comunidad menonita es la labranza y el cultivo del campo así como la crianza y explotación de diversas especies animales.

Pampa de los Guanacos, Dpto. Copo. Al costado de la ruta provincial Nº 6, a escasos cinco kilómetros de Pampa de los Guanacos, se observan postales de una realidad distinta dentro del mismo y agreste paisaje santiagueño. Es la realidad diaria que escriben los miembros de la Comunidad Menonita de Santiago del Estero, quienes hace 20 años arribaron a estas tierras procedentes de México para hacer de las más de áridas 8000 hectáreas en las que habitan un rincón lleno de misterios, productividad y laboriosidad.

Desde el 2012, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) acompañan a la comunidad Menonita a potenciar el desarrollo de los sistemas de producción a los cuales se dedican.

Esta comunidad realiza tradicionalmente un sistema productivo ganadero mixto a través del cual se dedican a la cría de ganado mayor bovino para lechería, pero fueron implementando otros sistemas como el porcino, aves, producción de huevos y siembra de pasturas destinadas a la alimentación del ganado.

Este relacionamiento, que posee grandes desafíos, nació merced al esfuerzo de Don Mario Larramendi, pionero de la zona de Sachayoj, quien fuera uno de los primeros criollos en relacionarse con los miembros de la comunidad menonita a su llegada a esta provincia. “Cuando recién llegaban desde México me acerque para mostrarles cómo era la zona y además para ayudarlos en algunas necesidades como buen vecino. A partir de ahí me abrieron las puertas y observé que INTA podía ayudarlos; por ello le propuse a las ingenieras de la AER de Sachayoj que visiten el lugar. Es fundamental la presencia del INTA en la colonia debido a que hay mucho por hacer”, destacó.

En ese contexto el INTA, a través de la AER Sachayoj, ha logrado un vínculo con dicha comunidad a través de los diferentes programas como un proyecto PROFEDER para el Mejoramiento de los sistemas de producción tradicionales de la zona de Sachayoj y desde el año 2014 con el proyecto Adaptación y resiliencia de la agricultura familiar del noreste de argentina (NEA) ante el impacto del cambio climático y su variabilidad. Actualmente existe un pre-proyecto PROFAM de Valor Agregado para la Colonia Menonita y un grupo de Cambio Rural. También se cuenta con 7 promotores voluntarios del programa Prohuerta dentro de las 130 familias que componen la comunidad.

En la comunidad somos productores chicos y no trabajamos con ingenieros hasta el año pasado porque no es conveniente y no nos alcanza para que cada familia tenga un ingeniero y por eso ha sido fundamental para la colonia la llegada del INTA. Es una época en la que los productores chicos se están hundiendo y eso es lo que INTA no quiere y por eso su presencia entre nosotros ayudándonos es muy beneficioso”, comentó Pedro Wiebe, quien posee un campo en el que se lleva a cabo un ensayo de sorgo, entre otras actividades.

La comunidad Menonita no solo es receptora de los diferentes programas que el INTA posee en el territorio sino que también a través del vínculo ha logrado una activa participación en diferentes ámbitos propuestos por INTA. Así es que integran el Consejo Local Asesor de la AER de Sachayoj desde el año 2014 y en el 2015 participaron en la Feria Caminos y Sabores en Palermo, en el Festival Raíces de Tecnopolis como también en otros acontecimientos de la región promovidos por INTA.

INTA me permite capacitarme, incluso en temas de mi oficio. Yo soy uno de los primeros herreros de la comunidad. Eso me permite fabricar herramientas que tienen una gran utilidad para nosotros como la tableadora manual que luego de participar en un taller hecho por el INTA yo mismo construí una para mis usos en mi campo”, manifestó Isaac, herrero de la colonia.

El resultado principal que hemos logrado entre las dos partes es la vinculación lograda entre ambas. Hemos podido venir y trabajar porque la comunidad nos abrió sus puertas, nos trasladan sus propuestas de trabajo y a partir de ello tratamos de generar lo que esté a nuestro alcance como capacitaciones, cursos, participación en ferias, etc.”, destacó la Ing. Agr. Nelva Saravich.

La comunidad

Todo tiene un orden. El obispo es la máxima autoridad del lugar, quien junto al gobernador y el vicegobernador llevan adelante a la comunidad que está dividida como en cuatro pequeñas comunidades y en cada una de ellas hay una escuela y una iglesia en las que comparten momentos comunes.

Cada familia tiene su tierra, su simple y bella vivienda, sus animales, su carro de tracción a sangre, su actividad laboral y especialmente sus vacas para alimentar la cooperativa tambera que forma el principal ingreso económico de la comunidad.

Un total de 130 familias y más de 770 habitantes tiene en pleno 2017 esta laboriosa comunidad. Todos tienen cosas para hacer, incluso los más pequeños que ayudan en las diversas tareas productivas de la casa. La actividad básica de la comunidad menonita es la labranza y el cultivo del campo así como la crianza y explotación de diversas especies animales.

Aún conservan sus principios históricos: mantienen cerradas sus fronteras al avance tecnológico y los modernos medios de comunicación, no hacen uso de la energía eléctrica salvo para las tareas laborales específicas y las mujeres no tienen trato con personas que no integran la comunidad, salvo que el jefe del hogar lo permita.

No resulta difícil distinguirlos del resto de los criollos de la zona. Camisa manga larga a cuadros, sombrero y pantalón carpintero en el caso de los hombres de todas las edades. Las mujeres por su parte usan el vestido floral, el pañuelo sobre sus cabezas, el sombrero con cinta alrededor y medias. Sobre la misma ruta puede verse a varios de ellos arriba de un tractor trabajando, o con palas en medio del campo a pesar de las altísimas temperaturas o sobre sus carros en los que llegan al pueblo.

Quesos de los mejores

Todos trabajan. La principal actividad en la que todas las familias de la comunidad participan es en la producción de leche para favorecer la fabricación de una deliciosa variedad de quesos, quesos que se venden en grandes cantidades en esta provincia, Tucumán, Buenos Aires y Chaco.

Cada una de las familias tiene en su casa su propio tambo y cada una aporta determinada cantidad de leche diaria para la producción de la Cooperativa “La Rosa” en la que se producen los quesos y son comercializados al público. La misma si esta nutrida de electricidad permanente a través de un generador debido a que poseen maquinaria industrial, una cámara frigorífica y otras herramientas propias de la actividad. A metros nomas se encuentra un almacén de ramos generales y las oficinas de la cooperativa que está a cargo de su tesorero Juan Klassen, quien orgulloso mostró todas las instalaciones.

Cada día, en el ingreso a cada vivienda, todas las familias por ser socias de la cooperativa sacan los recipientes con la producción de leche y luego son trasladados a la quesería para su procesamiento.

Familia y prosperidad

Del ingreso por la producción de quesos depende la economía de cada hogar menonita. “La venta de los productos vuelve después a cada familia miembro de la cooperativa. Cada una de ellas recibe en partes iguales el dinero de las ventas”, explica el tesorero. Además, en cada hogar sus miembros han desarrollado un sinnúmero de otras habilidades y oficios y estos servicios se realizan dentro de la propia comunidad o hacía afuera, como ocurre con el caso de don Isaac, quien es mecánico y tornero y ha hecho importantes trabajos en municipios vecinos. Pero también producen sus propios quesos, venden animales y otras actividades que le permiten tener sus ingresos genuinos para solventar las necesidades del numeroso grupo familiar que tienen.

Lejos quedó en el tiempo esa forma de vida aislada completamente del resto de la sociedad. Cualquier persona puede ingresar a la comunidad y vincularse con sus miembros varones. En cada casa el jefe de hogar habla, al menos entiende y se deja entender, en castellano. Ello facilita la interrelación ya sea por cuestiones sociales aunque especialmente por tratos comerciales debido a que la mano de obra menonita es totalmente efectiva, seria y laboriosa, según cuentan algunos profesionales consultados por Nuevo Diario de Santiago del Estero.

La prosperidad de los habitantes de la colonia está dada por la cultura de trabajo que han desarrollado. Desde pequeños aprenden las tareas y a medida que crecen van asumiendo nuevas responsabilidades. Nadie se queda sin hacer porque todos en cada hogar tienen un rol laboral asignado. No reciben subsidios de ninguna naturaleza, todo es fruto de su trabajo y solo acuden al pueblo a comercializar sus productos o los organismos de salud públicos porque entre ellos no hay médicos propios de la comunidad.

 

Fuente: INTA

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