El fin de los profesores (como los conocemos)

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Por Armando Ruiz*

¿Cada vez es más difícil dar clases o cada vez nuestras clases son más aburridas? Esta pregunta viene y va esporádicamente con el inicio de cada semestre y en estos días con las clases en línea que se imparten desde primarias hasta universidades, es de importancia preguntarnos eso, ya que definirá si seguimos vigentes como educadores.

Esta vez la duda me llegó a raíz de un texto del New York Magazine titulado “The Dying Art of Instruction in the Digital Classroom” escrito por un profesor de larga trayectoria que decidió retirarse anticipadamente, desencantado por la forma en que cambió la dinámica de las clases con la llegada de laptops y smartphones.

A su vez, coincidí hace poco con una de las profesoras que más me han marcado, tanto por lo que aprendí con ella como por la idea estudiar una maestría en Barcelona, como ella. Al comentarle del artículo dijo que estaba completamente de acuerdo y que cada vez era más difícil.

Es comprensible que en un esquema tradicional en el que el profesor dictaba y los alumnos escuchaban, la vista de jóvenes que mueven los ojos de ti a la laptop y de regreso puede ser inquietante y para algunos puede ser equivalente a una falta de respeto, como si estuvieras hablando a la pared. Sin embargo, no estoy de acuerdo en que lo sea.

La nueva forma de aprender

En los últimos 15 años la dinámica entre profesores y alumnos evolucionaron porque la tecnología también lo hizo y a pasos agigantados: podemos ver las diapositivas de la clase en tiempo real, buscar ejemplos en Google y datos para contrastarlos con la información que recibimos del profesor y no por eso la intención es hacerlo quedar en ridículo. Si a esto agregamos plataformas como Zoom, Google Learning o Hangouts, debe combinarse todo lo anterior con un dominio de herramientas tecnológicas en tiempo real.

Las laptops y smartphones pueden ser distractores pero también herramientas de creación y aprendizaje si los profesores así se lo proponen. Sin embargo, el problema comienza ahí: para muchos maestros, la comprensión de estas herramientas es la mínima indispensable, limitándose a responder Facebook, enviar memes por WhatsApp o ver videos en Youtube o Netflix.

Si asumimos que hoy contamos en nuestros bolsillos con mini computadoras integrales con más capacidad y potencia que una computadora de escritorio de hace 10 años, la perspectiva cambia: podemos tomar videos, editarlos, crear imágenes, historias para redes sociales, crear hilos con información, comunicarnos en tiempo real y atender dudas de los alumnos al momento.

Buscando la respuesta

Yo me dedico a la docencia desde 2018, sin embargo, en 2014 hice mi primera prueba para ser profesor. Tuve que dar una clase muestra ante un panel compuesto por profesores que me habían dado clase 8 o 9 años antes y otros con los que había colaborado en difusión de proyectos apenas un lustro previo a ese día. Estaba nervioso y estructuré mal mi presentación. No me quedé con el trabajo.

Cinco años después, en el verano de 2019, se me notificó que había sido uno de los profesores mejor evaluados de mi área, con una percepción positiva de mis alumnos e incluso mejor que muchos de los que habían sido mis profesores.

¿Qué cambió de ese fracaso de 2014 a ese reconocimiento de 2019? Mi uso de la tecnología. Encontré la respuesta que en ese entonces ni ellos buscaban.

En esos años dí cursos sobre redes sociales y marketing digital, asistí a cursos, conocí a gente que trabajaba y daba cursos a la vez, me enteré de los avances en mi área de conocimiento y me hice no solo un consumidor ávido sino también productor de contenido.

Aquí algunos tips que me ayudaron y podrían ayudarte en clase:

¿La tecnología mató la enseñanza? Por supuesto que no. Los maestros que no actualizan sus métodos de enseñanza mataron la enseñanza y esta ha estado en un cambio constante desde siempre.

Es posible que en algunos años o décadas yo mismo esté desactualizado y me cueste dar ese paso, me volveré obsoleto y culparé a las tendencias en turno por ello, como antes se culpaba a la televisión, la música, los videojuegos o a Los Simpson. Al final del día, el camino a esa obsolescencia lo definiré yo.

*Consultor de Marketing y Relaciones Públicas. Profesor en Tecnológico de Monterrey

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