Cuatro décadas ganadas para la cultura judicial

Los 40 años del Centro de Estudios del Superior Tribunal

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Por Vidal Mario:

El Centro de Estudios Judiciales del Superior Tribunal de Justicia del Chaco cumple hoy 40 años.

Éste grato acontecimiento sumado a la feliz circunstancia de que me tocó en suerte trabajar algunos años en esa institución me autorizan a ponderar las razones que llevaron a algunos visionarios a fundar la que era la primera escuela judicial del país.

Siempre fue evidente que para la labor jurisdiccional de los magistrados, funcionarios y empleados judiciales se precisa algo más que la preparación obtenida en los claustros universitarios o la experiencia que la práctica proporciona.

Son también necesarios –muy necesarios- los conocimientos que les pueden brindar los cursos, talleres, seminarios, disertaciones o congresos vinculados al mundo judicial.

La importancia de capacitar a los cuadros judiciales se trata de una cuestión que los países más adelantados del mundo sostienen desde hace mucho tiempo.

España se adelantó a todos creando en 1944 la Escuela Judicial Española. Dos años después, en 1947, nacieron la Alta Escuela Judicial de la República Democrática Alemana y el Instituto Japonés de Estudios Jurídicos.

En 1965 los norteamericanos fundaron la National Judicial College. Dos años después, 1967, la Corte Suprema de los Estados Unidos dio vida a su Judicial Federal Center.

En 1970 los juristas galos crearon la Escuela Nacional de la Magistratura de Francia.

Fue en esta institución francesa que se inspiraron los ministros del Superior Tribunal de Justicia chaqueños para crear el 22 de marzo de 1978 su Centro de Estudios Judiciales.

Ese día en el Chaco nació el primer Centro de Estudios Judiciales que conocía el país.

En 1999 Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de la República Argentina promovió la creación del Centro Federal de Estudios Judiciales, en Buenos Aires, y centros similares en otras diecisiete provincias.

Pero el del Chaco nació veintiún años antes. Fue, definitivamente, el primero.

“Formar elementos de calidad”

Según la resolución 109 que lo creó, el nuevo organismo debía perseguir elementales principios de formación de “elementos humanos y profesionales de alta calidad”.

Es lo que el Centro de Estudios Judiciales del Superior Tribunal de Justicia de esta provincia viene haciendo desde hace exactamente 40 años. Es su razón de ser.

Los entonces ministros del Superior Tribunal de Justicia, César Pértile, Carlos Alberto Harvey, Nélida Casavecchia e  Ítalo Chiapello, entendían que en este mundo cambiante, donde la cultura jurídica también avanza a pasos redoblados, la justicia no puede darse el lujo de perder el tren del progreso.

No era cuestión de sólo cambiar estructuras. También de cambiar culturas, pensaban.

Y combinando “la teoría y la práctica, la erudición y la experiencia” empezaron a desarrollar agresivas políticas de perfeccionamiento y actualización judicial.

Que es lo que se sigue haciendo hasta hoy a través de jornadas, seminarios, conferencias, talleres, charlas, cursos de capacitación y programas especiales de extensión.

Datos que hablan solos

No es posible en tan corto espacio reflejar la rica y enriquecedora labor del Centro de Estudios Judiciales, a lo largo de su historia.

Bastaría con mencionar que hasta posibilitó que los magistrados se acercaran a las escuelas a través de un programa denominado “Los jueces y los niños”.

Esto comenzó con una visita de jueces a una escuela a donde asistían niños de la etnia toba, “por ser un sector generalmente marginado del sistema judicial”.

De mis tiempos de empleado de la institución recuerdo los números correspondientes al 2006, cuando de febrero a diciembre se planificaron y realizaron más de 130 actividades de capacitación que beneficiaron a 7.590 asistentes.

Mostró además gran eficacia a la hora de llevar al terreno convenios firmados entre el Superior Tribunal de Justicia con la UNNE para cursos de mediación, Universidad Católica de Santa Fe para el Doctorado en Ciencias Jurídicas, Universidad Notarial Argentina para un postgrado de especialización en Derecho Penal y, con la Universidad Nacional de La Rioja, para diplomaturas en ONG, Recursos Humanos y Resolución de Conflictos.

Fue igualmente el “brazo ejecutor” de un convenio de la justicia chaqueña con la Universidad Nacional de Buenos Aires para una Maestría en Magistratura, exitosamente culminada en agosto del 2008.

En septiembre del 2007 salió airoso de otro acontecimiento que a priori era una prueba de fuego: el XI Congreso Nacional y I Internacional de Capacitación Judicial.

Se trató de un gran evento internacional promovido por la Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de las Provincias Argentinas, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Superior Tribunal de Justicia del Chaco.

El CEJ realmente está repleto de recuerdos sobre actividades resonantes como esas.

En ciertas provincias aún están tratando de convencer a los jueces que hay que capacitarse.

Ese tema en el Chaco está resuelto desde hace cuarenta años.

Un calificado equipo de Directores lo conduce actualmente. Los ministros Rolando Toledo, María Luisa Lucas, Iride Isabel Grillo y María Emilia Valle; el procurador general Jorge Edgardo Canteros y la defensora general Alicia Alcalá.

Y desde hace veintidós años oficia de secretaria coordinadora la doctora María Rosario Augé.

*(Autor del libro “La balanza y la espada”)

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